Señor…

 Por Exal Orella


Permíteme Arrodillarme ante ti y decirte:




Señor, hay cosas que no entiendo, que un corazón tan pequeño no puede interpretar o simplemente la razón no me permite entender.

Han pasado cosas en mí, que sin tener nombre están viviendo dentro de mis pensamientos y me hacen sentir inestable, incomprendido, solo, vacío.

Y aquí, bajo tu luz, rodeado de tus manos y cubierto de la brisa de tu aliento, quisiera pedirte que…

Estoy roto, Señor. Y aunque disimule mi herida con sonrisas prestadas, tú conoces bien la profundidad de cada grieta.

Acompáñame en este silencio que duele, en esta ausencia que me pesa, en esta batalla que no muchos ven pero que yo peleo todos los días al despertar.

Hay momentos en los que siento que no tengo ya a dónde ir, que mis pasos no me llevan a ningún lugar seguro, que lo que un día me dio sentido, hoy solo me deja un eco que me recuerda lo que ya no está.

He sentido la soledad en su forma más cruel: la de sentirse perdido incluso rodeado de gente.

He sentido el abandono de mí mismo.

Y sin embargo, aquí estoy, hablándote, porque una parte de mí… aún cree.

Cree que puedes tomar todo lo que soy, aunque me sienta hecho pedazos, y transformarlo en algo nuevo.

Cree que puedes poner propósito donde ahora solo hay preguntas, que puedes sembrar paz en medio del caos, que puedes recordarme, en el momento justo, que no he perdido todo… mientras aún tenga fe.

No me des respuestas ahora, si aún no las necesito… pero por favor, no me sueltes. Sostén mi alma cuando el mundo me queda grande. No vengo a exigirte milagros, solo te pido aliento.

Un poco de tu luz cuando mi día se nuble, un poco de tu fuerza cuando mis piernas ya no respondan, un poco de tu abrazo cuando mis noches se llenen de frío.

Enséñame a no renunciar a mí mismo. Hazme entender que incluso en mi tristeza hay un aprendizaje, que incluso desde el dolor puedo volver a construir.

Recuérdame que el valor no está en nunca caer, sino en seguir creyendo, aun cuando el suelo se quiebra bajo mis pies.

Y si algún día no tengo fuerzas para pedirte nada… si solo me queda la mirada cansada y el alma hecha un suspiro, por favor, acércate más que nunca. No para resolverlo todo, sino para que no me sienta solo en el proceso.

Señor, si aún tengo un propósito, reaviva en mí el deseo de encontrarlo.

Si aún me queda una misión, muéstramela a través del amor, no del miedo.

Y si aún tengo algo para dar al mundo, ayúdame a descubrirlo con esperanza.

No permitas que este dolor me convierta en alguien que no soy.

Que el vacío no me haga olvidar mi valor, ni las pérdidas me hagan dudar del amor que aún puede venir.

Solo te pido, Señor, que me acompañes mientras aprendo a estar de pie otra vez.

Y que, si un día no puedo más… me recuerdes que no estoy solo, y que de tu mano, aún puedo volver a comenzar. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Mi edad No es tu castigo

¿Y Qué sigue ahora?

Feliz Año Nuevo...