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Mostrando las entradas de enero, 2026

¿Y Qué sigue ahora?

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Por Exal Orella ¿Y qué sigue ahora? Hace poco me sequé algunas lágrimas, y cada una de ellas contenía un recuerdo que, al parecer, nunca se fue. Estaban ahí… vivos aún, esperando el momento exacto para regresar y recordarme que hubo algo real, algo que importó. ¿Cómo me siento? Vacío. Se acabó. Terminó de manera abrupta, sin ceremonias, sin respuestas claras. Ni siquiera sé si la culpa estaba de mi lado o del suyo. Cada vez que lo pienso, la miseria crece, se expande, se oscurece, como un hueco sin fondo que amenaza con tragarme por completo. ¿Lo merezco? Tal vez sí. Todo lo bueno y lo malo que pueda pensar parece tener una justificación en el destino. Aunque mi ego insiste en que pudimos solucionarlo, una ráfaga de esperanza se atreve a decirme que no soy merecedor de esta pena tan brusca, tan cruel, tan silenciosa. ¿Y cómo me siento ahora? La pregunta sobra. Me quema por dentro. Apenas puedo respirar. No sé si es el nudo en la garganta el que me ahoga o si son mis sentimientos intent...

Feliz Año Nuevo...

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 Por Exal Orella  Alguna vez, te has preguntado, ¿porqué en las fiestas decembrinas no se ven perros caminando en las calles?, ¿porqué hay un silencio abrumador a pesar que todos estén festejando en sus hogares? Ramiro era conocido por todos en el pueblo, un hombre perdido de razón —para algunos— que con el apodo de loquito recorría las calles siempre sonriendo, lanzando a cualquiera frases llenas de bendiciones o pequeñas palabras de aliento. No todos devolvían el saludo. Algunos bajaban la mirada, otros apuraban el paso, y había quienes cerraban la puerta al escucharlo venir. Su sonrisa, para muchos, era incómoda; su presencia, innecesaria. Era muy común verlo rodeado de perros, grandes y pequeños, que al mismo paso de su dueño iban también “sonriendo”, juguetones y cariñosos, acompañaban a Ramiro a cada sendero. Nadie sabe cómo los reclutaba, pero no había perro callejero que no se identificara al escuchar los gritos desde lejos. Para algunos vecinos, aquella jauría era mo...