¿Y Qué sigue ahora?
Por Exal Orella
¿Y qué sigue ahora?
Hace poco me sequé algunas lágrimas, y cada una de ellas contenía un recuerdo que, al parecer, nunca se fue. Estaban ahí… vivos aún, esperando el momento exacto para regresar y recordarme que hubo algo real, algo que importó.
¿Cómo me siento?
Vacío.
Se acabó.
Terminó de manera abrupta, sin ceremonias, sin respuestas claras.
Ni siquiera sé si la culpa estaba de mi lado o del suyo. Cada vez que lo pienso, la miseria crece, se expande, se oscurece, como un hueco sin fondo que amenaza con tragarme por completo.
¿Lo merezco?
Tal vez sí.
Todo lo bueno y lo malo que pueda pensar parece tener una justificación en el destino. Aunque mi ego insiste en que pudimos solucionarlo, una ráfaga de esperanza se atreve a decirme que no soy merecedor de esta pena tan brusca, tan cruel, tan silenciosa.
¿Y cómo me siento ahora?
La pregunta sobra.
Me quema por dentro. Apenas puedo respirar. No sé si es el nudo en la garganta el que me ahoga o si son mis sentimientos intentando escapar todos al mismo tiempo. Tragar saliva duele. Pensar duele. Recordar duele.
Mis cuerdas están listas para un grito desgarrador que no sale, pero que lo dice todo:
no quiero sentir esto.
Porque, sin dudarlo, aquí dentro… aún la amo.
¿Sabes qué es lo peor?
Que el día no me suelta.
Que la galería me devuelve imágenes de lo que fui, de lo que fuimos, de lo que ya no tengo.
Que los audios me vibran en el alma con frases que antes eran refugio y ahora son eco, lamento, ausencia.
La suavidad de sus manos.
Su aroma tierno y enervante.
Su sonrisa leve.
Su calidez al abrazarme.
Su sombra entre penumbras.
Su respiración rítmica.
Sus caricias llenas de paz.
Todo eso vive en mí como una despedida que no pedí, como un hogar al que ya no puedo volver.
Con o sin culpables, mi alma ha tenido un encuentro inevitable con la realidad: se terminó.
Mi mente lo entiende.
Mis sentimientos lo sufren.
Y ella… ahora tiene su tranquilidad.
Quizás debería mandarle todo este mensaje.
Que pueda sentir mi vacío.
Que me diga que estamos mal, que en la locura nos dijimos disparates, que el amor que construimos era más fuerte que los hechos que nos quebraron.
Quizás deba marcarle.
Que el dolor de mi garganta se convierta en palabras.
Que su voz me diga cómo se siente.
Que sea ella quien termine de convencerme de esta nueva realidad.
Quizás aún hay futuro.
Quizás no necesitamos estar juntos.
Quizás esto ha sido lo mejor.
Quizás no he sido yo…
o tal vez ella tenga razón.
Quizás solo necesito dejar de ver el techo.
Cerrar los ojos.
Respirar.
Y decirle adiós…
al día que ya terminó.

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