Por favor, Cállate y abrázame

Por Exal Orella


Por favor, cállate y abrázame.


He visto tus ojos enrojecidos, intentando ocultar el cansancio de tantas noches sin paz. He notado cómo la madurez de tus mejillas ha cambiado de tono poco a poco, como si la tristeza te hubiese pintado con pinceles lentos y silenciosos.


Sé que has vivido complejos acontecimientos que han marcado tu alma, que te han hecho sentir incompleta, insegura, como si el mundo hubiese dejado de girar solo para ti…

Y sin embargo, aquí estás, de pie, aunque tiemble tu voz y tus pasos no siempre sepan a dónde ir.

Te observo, y no veo una persona rota. Veo a una guerrera que sigue luchando contra sus propios vacíos, a una mujer que, a pesar de sentirse frágil, no ha renunciado a la posibilidad de volver a sonreír.

Esa fuerza tuya —aunque a veces tú no la reconozcas— es un milagro constante que se manifiesta en tu manera de seguir amando la vida… aunque duela.

Has sentido la soledad como pocos la comprenden, has escuchado el eco de tu voz en cuartos silenciosos donde solo habita tu pensamiento.

Te has preguntado tantas veces por qué tú, por qué ahora, por qué ese amor que diste con todo el alma no fue suficiente para que se quedaran.

Pero escúchame… Tú no estás sola. La vida no te ha dejado atrás, sólo te está rearmando, pieza por pieza, para que descubras en ti todo lo que has dado a otros… y aún más.

Tu sonrisa aún tiene mucho que regalar.

Tus abrazos, tanto que sanar.

Tus palabras, tanto que iluminar.

Eres más que los momentos en los que te han hecho sentir poco.

Eres más que esa tristeza que insiste en visitarte.

Lo que tú llevas dentro, no cualquiera lo tiene.

Tu sensibilidad, tu manera de mirar el mundo, esa dulzura tuya que se disfraza de fortaleza cuando el alma se quiere rendir… eso es lo que te hace especial, real, inmensamente valiosa.

Hoy, no quiero darte soluciones, no quiero llenarte de promesas ni frases hechas, solo quiero que recuerdes que aquí estás, viva, que cada cicatriz tuya ha formado un mapa hacia algo mejor.

No estás rota, estás en proceso.

No estás perdida, estás reencontrándote.

Y en ese proceso, incluso cuando sientas que nadie entiende lo que llevas dentro… yo estoy aquí.

No digas nada por ahora.

No te justifiques, no te castigues.

No pienses en todo lo que pudo ser ni en lo que falta por construir.

Sólo respira.

Por favor, cállate y abrázame.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Mi edad No es tu castigo

¿Y Qué sigue ahora?

Feliz Año Nuevo...