Hoy tuve un sueño, contigo
Permíteme seguir con los ojos cerrados…
Hoy tuve un sueño, y tú estuviste en él. Tus manos estuvieron presentes, cobijándome con la seguridad que sólo tú corazón sabe dar a través de tus abrazos. Pude sentir cómo tu presencia calmaba el vacío que mi amor tenía, y reflejabas con la sonrisa de tu rostro la dicha de estar reunidos.
No fue un sueño cualquiera… fue uno de esos que parecen tan reales que al despertar uno se queda quieto, con los ojos aún cerrados, queriendo conservar en el pecho cada segundo vivido. En ese mundo onírico no existían temores, ni tiempos que nos separaran, ni pasados que dolieran. Solo estábamos tú y yo, completos, presentes, reconociéndonos con esa familiaridad que solo el alma sabe entender.
Te acercaste sin miedo, como si ya supieras que eras parte de mí desde antes de encontrarnos. Y yo, sin necesidad de palabras, supe que te había estado esperando desde hace mucho tiempo.
Mientras tus brazos me rodeaban, sentí una paz que no se encuentra todos los días. Era como si el mundo se detuviera, como si todas las heridas que alguna vez cargué entendieran que ya no tenían razón de quedarse. Porque ahí estabas tú, con tu mirada clara, con tu energía envolvente, con esa forma tuya de estar sin invadir, de abrazar sin asfixiar, de amar sin miedo.
Y entonces supe, en ese instante profundo del sueño, que no quiero imaginar un futuro donde tú no estés. Que no busco una historia que pase, sino una que permanezca.
Tú eres ese suspiro que nace cuando uno cree que ya no queda mucho por sentir. Eres la promesa que hace latir con fuerza incluso a un corazón que ha conocido las despedidas.
No te idealizo… te percibo.
No te busco para llenar un vacío… sino para compartir la abundancia de lo que soy cuando estoy listo para amar. -Y créeme, lo estoy-.
Estoy listo para ser refugio, para cuidar tus luces y tus sombras, para celebrar tus logros y sostener tus silencios. Estoy listo para amar tus días sencillos, para respetar tus espacios, para caminar a tu lado sin imponer un ritmo, sino con el deseo de encontrar uno en común.
Quiero que sepas cuánto me importas, incluso si aún no lo ves con la misma intensidad. Quiero que sepas que lo que nace de mí al pensarte no es ansiedad, es ternura. Es paciencia.
Es esa sensación de estar descubriendo algo bello, sin prisas, sin máscaras, sin trampas. Porque te veo como alguien que merece un amor libre, firme, transparente… y eso es exactamente lo que puedo darte. Un amor que no necesita prometer eternidades, porque vive en la intención constante de elegirte cada día.
Y aunque todo lo descrito forme parte de un sueño, sé que en alguna vida, otro tiempo, otro universo o quizás otra versión mía, tú y yo no estamos en los aposentos de morfeo, sino disfrutando de la realidad que construimos juntos a través de tu presencia y nuestra sonrisa.

Comentarios
Publicar un comentario