Dónde estés, Mamá
Quise encontrar un ejemplo de Madre pero…
Ella recorre las avenidas con su venta en brazos, también está sentada bajo la sombra de los árboles vendiendo sus productos, igual camina entre los vehículos ofreciendo caramelos o limpiarte el vidrio… lleva el cansancio en la espalda y la esperanza en el alma.
Es mamá, y su fortaleza no está en lo que dice, sino en lo que calla para seguir adelante. Pero también es madre esa mujer que atiende desde un mostrador, que se pone un uniforme y deja a sus hijos con una abuela o vecina, la que aborda temprano el transporte público con el corazón partido por dejar a su bebé dormido.
Está la que estudia de noche para construir un mejor futuro, la que trabaja en una oficina, oculta sus lágrimas detrás de la pantalla, la que dirige proyectos, toma decisiones firmes, y aún así llega a casa con ternura en los brazos.
También es madre esa mujer que, sin importar cuántos ceros tenga su cuenta bancaria, es capaz de dejarlo todo cuando sus hijos la necesitan, que cambia sus tacones por cobijas, y su agenda por tiempo compartido, porque entiende que la infancia no se repite, y que su amor no tiene sustituto.
Están las que crían solas, sin más fuerza que su propia voluntad. Las que comparten el pan con quienes no tienen hambre de comida, sino de afecto, de guía, de amor.
Las que escuchan sin juzgar, las que corrigen con dulzura, las que abrazan cuando todo parece derrumbarse.
Madres hay en todos los espacios. Las de manos ásperas y espalda quemada por el sol, las de uñas pintadas y mirada firme en juntas ejecutivas, las de piel arrugada por los años y el alma llena de historias, las que han parido con dolor, y también las que han elegido ser madre del corazón.
Todas ellas, sin importar el lugar desde donde vivan la maternidad, comparten el mismo lenguaje universal: el amor que no exige, la entrega que no calcula, el instinto de protección que no duerme.
Hoy es su día… Y aunque el mundo a veces no lo note, aunque no siempre les demos las gracias como deberíamos, hoy y siempre merecen ser reconocidas.
Porque cada madre, sin importar su oficio, lleva en su ser la misión más sagrada: regalarnos la vida, y enseñarnos a valorarla.

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