Debo decírtelo de frente
Eres tu…
Eres todo lo que puede soñarse, todo lo que puede idealizarse en el viento.
Eres todas esas historias que se cuentan cuando se habla de la perfección…
Y no me refiero solo a lo visible, a tu manera de moverte por la vida con esa elegancia innata, ni a la forma en que tu risa se vuelve melodía para quienes te rodean. Me refiero a algo más profundo, más visceral… algo que va más allá de los sentidos: me refiero a tu esencia.
Hay algo en ti que me desarma. Tal vez sea tu inteligencia, afilada como una espada que corta con dulzura las superficialidades del mundo. O quizá sea tu carácter, ese fuego que no se apaga, que no se doblega, y que arde con convicción cuando defiendes lo que amas. Me atraes no solo por lo que eres, sino por todo lo que provocas en mí.
Admiro tus silencios tanto como tus palabras. Esa capacidad de observar, de entender, de sostener la calma incluso cuando todo a tu alrededor parece temblar. Me impresiona cómo logras mantenerte firme, incluso cuando la vida pone a prueba tu fe. Hay una belleza indescriptible en tu fortaleza, una paz feroz que invita a quedarse, a aprender, a respetarte.
Y es que mirarte es como enfrentarse a una tormenta hermosa: uno sabe que no saldrá igual.
Contigo no se puede jugar a lo simple, no se puede fingir calma cuando tu sola presencia sacude los cimientos de lo que creía estable. Eres intensidad pura, un torbellino de emociones, y aun así… hay en ti una ternura que enternece hasta la parte más dura del alma.
Tú no pasas desapercibida, no podrías, ni aunque lo intentaras. Tienes esa magia de las personas que no se olvidan, que dejan huella incluso con el roce más leve. Y sé que hablarte de esta manera puede sonar temerario… pero ¿cómo no hacerlo? ¿Cómo no decirte que en ti habita algo sagrado, algo digno de admiración profunda?
Eres todo lo que puede soñarse, sí… pero más que un sueño, eres una posibilidad que me despierta. Una realidad que me empuja a ser mejor, a mirar mis propias virtudes con la esperanza de algún día ser digno de compartirlas contigo.
No sé si el destino tiene planes para nosotros, no sé si estos sentimientos tengan espacio para crecer. Pero lo que sí sé, es que conocerte ya me cambió.
Y si amar desde la admiración es un riesgo, lo asumo.
Porque si hay algo que merece el atrevimiento de sentirse, eres tú.

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