Déjame soltarte, amor
Por Exal Orella
Por lo que tengo de nuestro amor
Déjame soltarte, amor, deja que mis manos desvanezcan la suavidad de las tuyas y tu aroma se desvanezca de mi memoria. Que el eco de tu voz deje de perseguirme en los rincones donde alguna vez nos encontramos, que los recuerdos que aún resisten en mi pecho encuentren su lugar en el pasado, allí donde deben reposar sin dolor, sin pesar, solo con la gratitud de haber existido.
No quiero retenerte en la nostalgia ni en la melancolía de lo que fuimos. No quiero encadenarte a una historia que, aunque fue hermosa, ya ha llegado a su desenlace. No es justo para ti ni para mí sostener un hilo que el tiempo ha deshilachado poco a poco. Te amé con todo lo que fui, con todo lo que tenía, y si alguna lección he aprendido en este camino, es que el amor verdadero no se aferra, no exige, no impone. El amor verdadero, cuando debe partir, lo hace con dignidad y con la bendición de lo que fue.
No te diré que no duele. Soltar a quien fue hogar siempre deja una marca, un vacío que al principio parece imposible de llenar. Pero también sé que dentro de mí no hay espacio para el resentimiento, solo para la certeza de que fuiste un capítulo invaluable en mi historia, una parte de mí que nunca negaré, aunque nuestros caminos ya no se crucen.
Te dejo ir con la misma ternura con la que te recibí en mi vida. Te dejo ir con la paz de saber que fuiste amada, que cada palabra, cada caricia, cada promesa nació desde la verdad más pura. Y aunque hoy no seas mi presente, siempre serás parte del amor que entendí, de la entrega que aprendí, de la belleza de compartir mi alma con alguien que en su momento la sostuvo con delicadeza.
No guardo reproches, solo gratitud. No me aferro a lo que pudo ser, solo bendigo lo que fue. Si en otro tiempo, en otra vida, nuestros caminos vuelven a encontrarse, que sea desde la alegría de haber sido, no desde la tristeza de lo que se perdió.
Sé feliz, amor. Porque si hay algo que realmente deseo, más allá de mi propio dolor, es que la vida te sonría, que el amor nunca te falte, que encuentres lo que siempre has buscado, aunque ya no sea en mis brazos.
Y así, con esta despedida escrita con amor, con respeto y con la paz que nos merecemos, dejo que el viento se lleve lo que un día fue nuestro. Y me quedo con lo más valioso: la certeza de que amé de verdad.

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